- Por Fernando Sánchez Ramos
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- 14 de septiembre de 2026
Escribir «1.000 euros al 7 % durante 25 años» en cualquier buscador devuelve decenas de calculadoras. Todas dan un número. El problema es que casi ninguna te explica de dónde sale, y sin eso el número no sirve para decidir nada.
Hay una razón para desconfiar por defecto: el interés compuesto es una operación matemática sencilla, pero su resultado es extremadamente sensible a cómo la plantees. Dos calculadoras pueden diferir en un 30 % sobre el mismo caso sin que ninguna esté «rota». La diferencia está en las decisiones que tomaron al construirla.
Estas son las cinco preguntas que conviene hacerle a cualquier calculadora antes de creerse lo que dice. Y son, exactamente, las que nos hicimos al construir la nuestra.
1. ¿Qué rentabilidad aplica y de dónde la saca?
Es la pregunta que menos calculadoras responden con claridad. Muchas traen un campo vacío con el 7 % de ejemplo y te dejan escribirlo. Otras dan una cifra «histórica» sin ventana ni fuente a la vista.
Y la ventana temporal es la mitad del dato. El S&P 500 con dividendos ha rendido un 10,02 % anual desde 1928 y un 10,5 % anual desde 1965. Las dos cifras son correctas y significan cosas distintas. Publicar «10 %» sin decir desde cuándo es lo que convierte una cifra cierta en un dato indemostrable.
En nuestra calculadora de interés compuesto cada activo del catálogo lleva su ventana, su fuente y su cifra, y las hemos verificado una a una contra la fuente primaria:
| Referencia | Rentabilidad | Ventana |
|---|---|---|
| Bolsa española (con dividendos) | 8,3 % | 1900-2020 (120 años) |
| S&P 500 (con dividendos) | 10 % | 1928-2025 |
| MSCI World (neto, USD) | 8,9 % | desde sep-2001 |
| Nasdaq 100 | 14,25 % | desde ene-1985 |
| Oro | 8 % | 1971-2025 |
| Bono de EE.UU. a 10 años | 4,5 % | 1928-2025 |
De paso: cuando una fuente reconoce que parte de su serie es historia reconstruida y no datos reales —como ocurre con los índices internacionales antes de su fecha de lanzamiento—, lo decimos en la propia ficha. Preferimos que sepas que ese tramo está simulado a que lo tomes por cotizaciones reales.
2. ¿Cómo reparte esa rentabilidad entre los periodos?
Aquí está el error más extendido y el más silencioso. Si vas a aportar 150 € al mes, hay que convertir la rentabilidad anual en mensual. Y hay dos formas:
– La proporcional: dividir entre 12. Un 10 % anual se convierte en un 0,833 % mensual.
– La equivalente: aplicar la raíz. `(1 + 0,10)^(1/12) − 1 = 0,797 %` mensual.
La primera es la que aparece en los libros de texto, y es correcta cuando el producto se contrata en TIN, como un depósito que liquida intereses cada mes. Pero es incorrecta cuando partes de una TAE —una rentabilidad efectiva anual, que es lo que publica cualquier índice o fondo—. En ese caso, dividir entre doce no reparte la rentabilidad: la inventa. Ese 10 % se transforma en un 10,47 % real.
La consecuencia práctica: con la tasa equivalente, 1.000 € al 7 % dan 1.070 € al cabo de un año tanto si aportas cada semana como si aportas una vez al año. Con la proporcional, quien aporta semanalmente «gana» más sin que el mercado haya hecho nada distinto.
3. ¿Descuenta las comisiones?
Un fondo indexado cuesta en torno al 0,20 % anual; uno de gestión activa, entre el 1,5 % y el 2,5 %. No es una comisión que veas salir de tu cuenta: se descuenta a diario del valor liquidativo, así que no la notas. Solo se nota en el resultado.
Pon números. 300 € al mes durante 30 años, con un 7 % bruto:
| Producto | Coste anual | Capital final |
|---|---|---|
| Fondo indexado | 0,20 % | 338.167 € |
| Fondo de gestión activa | 1,80 % | 253.405 € |
| Diferencia | 84.762 € | |
Esos 84.762 € equivalen al 78,5 % de todo lo que aportaste en esos treinta años. Y no los ves marchar: se van restando en pequeños trozos cada día.
Muchas calculadoras ni siquiera tienen un campo para las comisiones. La nuestra lo tiene, y lo resta de la rentabilidad antes de calcular, que es como funciona en la realidad.
4. ¿Tiene en cuenta los impuestos españoles?
Esta es la pregunta que separa una calculadora divulgativa de una herramienta útil para un ahorrador español. Y es también la que menos se encuentra resuelta, porque modelar la fiscalidad española no es trivial.
En España, dos productos con la misma rentabilidad acaban en cifras muy distintas según cómo tributen:
– Un fondo de inversión y un ETF de acumulación difieren la tributación: no pagas nada hasta que reembolsas. Todo sigue componiendo.
– Un ETF de distribución, unas acciones con dividendo o un depósito tributan cada año. Ese dinero sale de la cuenta y deja de generar intereses. No pierdes el impuesto: pierdes todo lo que ese impuesto habría producido en los años siguientes.
Nuestra calculadora tiene un selector de vehículo precisamente por esto, y aplica la escala del ahorro del IRPF —19 %, 21 %, 23 %, 27 % y 30 %— contrastada con el texto consolidado de la Ley 35/2006.
Y no se queda ahí. Al final del horizonte compara seis vías de rescate con sus cifras reales:
– Reembolso total en un año, que es lo más sencillo y lo más caro.
– Reembolsos parciales repartidos en 5 o 10 años.
– Traspaso a otro fondo, que no tributa (art. 94 LIRPF).
– Mayores de 65 años: la ganancia puede quedar exenta si se reinvierte en una renta vitalicia asegurada, hasta 240.000 € (art. 38.3). Avisamos de algo que conviene saber: es una exención condicionada; si anticipas o rescatas la renta, se pierde y Hacienda regulariza.
– Herencia: la ganancia acumulada no tributa en IRPF (art. 33.3.b).
– Comparación con un plan de pensiones, que permitía deducir las aportaciones pero tributa íntegro al rescatarlo.
5. ¿Te dice lo que NO incluye?
Una herramienta que no declara sus límites te está pidiendo un acto de fe. Las nuestras están escritas dentro de la propia calculadora, en el apartado 15, y son estas:
– Comisiones de operación: compraventa, horquilla de precio, custodia. Solo descontamos el coste anual del producto.
– Riesgo de divisa: si el activo cotiza en dólares y tú mides en euros, el tipo de cambio suma o resta, y no lo modelamos.
– Cambios normativos: la escala del IRPF de dentro de treinta años no será la de hoy.
– Tu vida: un divorcio, un despido o una herencia cambian una planificación más que cualquier décima de rentabilidad.
– Tu comportamiento: la diferencia entre lo que rinde un fondo y lo que gana su partícipe medio se explica por comprar caro y vender barato. Ninguna fórmula lo corrige.
Además, en la fase de retiro avisamos de un riesgo que ninguna fórmula constante recoge: el riesgo de secuencia. Dos años malos justo al empezar a retirar hacen mucho más daño que los mismos dos años al final, porque las retiradas venden participaciones baratas.
Por eso decimos que es una simulación, no una previsión. Sirve para comparar decisiones, no para saber cuánto tendrás.
Cómo lo calculamos, en abierto
Hay una diferencia entre decir «nuestra calculadora es rigurosa» y enseñarte la fórmula con tus propios números dentro. Eso es lo que hace la nuestra: los quince apartados de «Cómo se calcula, paso a paso» se generan al vuelo y sustituyen las variables por los datos que acabas de introducir.
Así, en lugar de leer una fórmula abstracta, ves esto:
> Tu caso: i = (1 + 0,068)^(1/12) − 1 = 0,5497 % por periodo
> 148.673 € ÷ (1 + 0,025)^25 = 80.193 € de hoy
No hay ninguna caja negra. Y si algo no cuadra, puedes comprobarlo a mano.
Un ejemplo que puedes verificar tú mismo
Toma una hoja de cálculo y calcula esto: 1.000 € iniciales más 150 € al mes, al 7 % anual, durante 25 años. Con la tasa equivalente y sumando cada aportación al final de su periodo, el resultado es:
122.883,71 €
Es exactamente la cifra que da nuestra calculadora, y puedes reproducirla con la fórmula cerrada de una renta. Lo publicamos porque nos parece justo que puedas auditarnos.
Tres decisiones más que cambian el número
Sumamos la aportación al final del periodo, no al principio. Es el criterio conservador: tu primera cuota no genera intereses en su propio mes. Muchas calculadoras suman al principio, lo que engorda el resultado en torno a un 0,5 %.
La inflación no toca la rentabilidad. Solo sirve para expresar el resultado en euros de hoy. Mezclar el incremento de tu aportación con la inflación —dos cosas distintas— produce números que parecen mejores de lo que son.
Los escenarios no salen de la mejor década histórica. Nuestra banda pesimista y optimista se calcula con el error estándar de la media anualizada, `σ ÷ √t`, que se estrecha a medida que alargas el plazo. Usar la mejor década de la historia sería publicidad, no estadística. Para los extremos está la simulación Montecarlo, con 500 trayectorias, que además es determinista: la misma entrada da siempre el mismo resultado, de modo que un enlace compartido reproduce la simulación exacta.
Y además
– No guardamos nada. La calculadora funciona íntegramente en tu navegador. No hay registro, no hay formulario previo y ningún dato sale de tu equipo.
– Puedes llevarte el resultado. Descarga un informe en PDF, los datos en CSV para tu hoja de cálculo, o comparte un enlace que reproduce la simulación exacta con los parámetros incluidos.
– Incluye el coste de esperar. Una sección que calcula cuánto más tendrías que aportar cada mes para llegar al mismo capital si empezases uno, cinco o diez años más tarde. Suele ser el argumento más persuasivo que existe a favor de empezar hoy: retrasar diez años no cuesta diez años de aportaciones, cuesta bastante más.
– Y la renta sostenible. Dos lecturas del mismo capital: cuánto puedes retirar manteniendo el capital nominal y cuánto manteniendo su valor real, ambas netas de IRPF, con la referencia habitual de la regla del 4 %.
– Es gratis y sin condiciones. No pedimos tu correo para ver el resultado.
¿Para quién es?
No es una herramienta para elegir un producto concreto. Es una herramienta para entender el efecto de tus decisiones: cuánto importa el plazo, cuánto pesan las comisiones, qué diferencia hay entre diferir los impuestos o pagarlos cada año, y cuánto capital necesitas para generar la renta que quieres.
Si después de usarla te surgen dudas que las cifras no resuelven —qué vehículo encaja con tu situación, cómo plantear el rescate, qué pasa con tu fiscalidad concreta—, para eso estamos.